Toño

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06/15/2010
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Vamos en el avión. El aire es nuestro hogar temporal. Atravesamos nubes, sobrevolamos mares, aterrizamos en tierras lejanas y desconocidas o en tierras cercanas y conocidas. Nuestra siguiente parada es Vancouver. El frío norte nos espera y me pongo a pensar en que hace tan sólo unas cuántas horas atrás nos encontrábamos en el calor sudamericano.  

 

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El calor del que veníamos... 

 

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...el frío al que nos dirgíamos. 

 

Ahora, a treinta y siete mil pies de altura, vamos acercándonos cada vez más al gélido norte.  Emociones, aventuras, experiencias y lecciones de vida han caracterizado el último mes de nuestra vida. Hemos tenido la fortuna de conocer a personas de muy diversas culturas. 

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Niños indígenas de la isla flotante de totora en Bolivia

Pero de alguna manera sabemos que esto sólo es la punta del iceberg, la cereza que adorna a un gran helado, la… bueno ya entendieron que esto sólo es el principio. No tienen idea de lo afortunados que nos sentimos al poder compartir esto con todos ustedes. Para aquellos que nos conocen directamente, para aquellos que no, para todos, pueden saber que no importan las distancias: ni físicas, ni temporales. En poco tiempo hemos aprendido que hay estados cómo la felicidad que unen a los seres humanos sin importar nada. Espero que todo cuánto va apareciendo en nuestro camino podamos compartirlo con ustedes.  Mientras tanto me pongo a pensar en las infinitas historias que seguramente encontraremos en Vancouver. Ahora miro por la ventanilla del avión, observo con toda mi atención las formaciones montañosas repletas de nieve. El blanco se extiende hasta dónde mi vista alcanza y empiezo a imaginarme mundos lejanos… Sin embargo, aquel mundo que importa en estos momentos es aquel que estaré presenciando en cuánto el tren de aterrizaje baje y toque la pista.  

 

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 Vancouver: aquí vamos!

 

 


03/03/2010
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  En el altiplano de Bolivia, a un poco más de 4,100 metros de altura.

Estoy sentado en el aeropuerto “El Alto” de La Paz, Bolivia. El aeropuerto está mucho más vacío de lo que pensé que estaría. Incluso la gente de los puntos de seguridad y de inmigración están sorprendidos porque hoy no haya tanta gente en el aeropuerto. Nos levantamos –cómo siempre- muy temprano para llegar aquí y evitar las largas filas del check in. Sobre todo por que vamos cargando bastante peso (mochilas, tripiés o trípodes y demás cosas variopintas) y mientras más larga es la espera en la fila mayor el ejercicio –por no decir martirio-. No obstante, sin importar las toneladas –ok, sé que estoy exagerando- que cargamos, lo poco que dormimos, lo hambrientos que estamos, cada día disfrutamos de nuestra realidad. Todos los días son un reto nuevo; una nueva lección de vida aprendida; una nueva sonrisa en nuestras caras; un haberse asombrado, cómo cuándo éramos niños, de nuevo. La gente que conocemos a lo largo del camino no tiene la menor idea de cuánto nos cambia en las pocas horas que podemos compartir con ellos. Yo espero poder ir compartiendo todas esas enseñanzas de felicidad a cada uno de los países a los que vayamos. 

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                                                           Con Raddix, un pintor de Antigua y Barbuda, conocido por su excentricidad y por

alocada forma de demostrar la felicidad

Hay un mundo inmenso de posibilidades y enseñanzas allá afuera y es hora de tornar nuestros ojos hacia nuevos horizontes. La gente que encuentro en el camino me ayuda a entender cuán cerrados estaban mis ojos y cuánto necesito abrirlos. A todos los que he conocido hasta el momento, sin importar la latitud o longitud en la que se encuentren en estos instantes, les doy gracias por enseñarme a ver la vida -cada vez más- desde una perspectiva más viva y más positiva. Y a entender cada día un poco más la felicidad.


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Con Tony, al frente del río Mapocho en Chile
 




01/03/2010
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Una noche de pensar en todo lo que ha pasado en los últimos días; una noche de valorar que el viaje ha comenzado; una noche de sentarse, con la computadora en las piernas, para escribir lo que ha pasado y lo  que pasa por mi mente; una noche en la que recuerdo el día en que llegué a la ciudad de Madrid y que, por ejemplo, me gustó el aeropuerto por la manera en que en éste se mezcla lo funcional y lo estético; una noche en la que pienso cómo fue que fui testigo de la felicidad en la ciudad de Madrid.

    Cuándo queremos hablar de felicidad podemos emplear muchos adjetivos y una serie de ejemplos para poder hablar de ella. Y todo eso es válido –acaso de necesario- para poder comprender algo tan sencillo –pero que puede suponerse complicado- cómo lo es la felicidad.

Quizás una de las cosas que más me llegan a la cabeza es la de pensar que la gente en Madrid –y, por extensión, en una parte de España- se siente muy contenta y muy feliz con su cultura, con sus tradiciones.  Desde el gusto con el que hablan de su historia y de un legado que data de cientos de años hasta la manera en la que disfrutan de su comida y de compartir con sus amigos o familiares –o ambos- unas tapas. La felicidad en Madrid puede observarse en esas y en muchas otras cosas más.

Por mi cuenta  (y esa fue una gran sorpresa) jamás me habría imaginado –siendo un nuevo corredor por afición- realizar una carrera de 10 kilómetros del otro lado del mundo (al menos desde mi perspectiva). Mucho menos que esa carrera iba a llamarse San Silvestre Vallecana y que iba a realizarse –cómo parte de algo tradicional- en la ciudad de Madrid. Tampoco me habría imaginado llegando a pie al frente del estadio Santiago Bernabeu para presenciar un mar de gente lista para correr en una noche fría y lluviosa en la ciudad de Madrid. Jamás me habría imaginado la gran celebración que me encontré, bajo el nombre de carrera, y la buena energía que se compartía en ese evento. Lo curioso del caso fue encontrar la felicidad en cada uno de los centímetros, de los metros... de cada uno los kilómetros recorridos.: de haber experimentado una gran euforia al correr, al lado de Tony y de Kelly, diez mil metros bajo una lluvia copiosa. Y lo mejor de todo fue sentirse parte de un todo que, al compás de zancadas y de gotas de sudor, compartía una alegría colectiva por el mero hecho de encontrarse allí, despidiéndose de una manera tan positiva del año 2009 que se ya se iba.

También la felicidad que pude ver en la gente que se dedica a servir a gente que tiene necesidades y se encuentra en circunstancias adversas. La propia felicidad y el sentido del humor de dicha gente, dispuesta a ver las cosas desde una perspectiva más positiva: reparando más en lo que sí tienen que en lo que no tienen. Simple y sencillamente el gusto y la oportunidad que tuvimos de compartir con la risa sonora y el sentido del humor de Ángel, el hombre que nos llevó de arriba para abajo por todo Madrid y que compartió su tiempo, sus experiencias y su conocimiento con nosotros.

No me queda si no despedirme de Madrid. Darle las gracias a todos los que nos encontramos en esta ciudad. Dar las gracias por habernos recibido en su hermosa ciudad y por habernos enseñado tanto cómo lo hicieron. Ahora sólo puedo apagar la computadora., agarrar la mochila y dirigirme, junto con Tony y Kelly, hacia Portugal.


01/01/2010
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Es el treinta y uno de diciembre del 2009. Me levanto de la cama del hotel, tomo un vaso de agua (es una costumbre que tengo) y me asomo por la ventana para ver cómo está la mañana. Es una mañana bastante fría y nublada y parece que va a llover.

Me preparo para salir porque tenemos un día bastante ocupado: me doy un baño bastante rápido, reviso algunas cosas relacionadas con la pagina de la expedición y me encuentro con Tony y Kelly en el lobby del hotel. En cuanto salgo de éste caen sobre mi cabeza gotas de lluvia -las primeras de muchas que nos caerían a lo largo del día- bastante frías y pienso: "Así correremos la carrera de San Silvestre...".

Poco después nos dirigimos al comedor de San Francisco, un lugar que lleva casi treinta años en función, para poder servir de algo a gente sin hogar. No sabemos muy bien qué vamos a hacer, ni cómo, pero  estamos entusiasmados por el hecho de poder servir de algo a otras personas.

De camino al lugar vamos platicando con Ángel que ha sido la persona que nos ha transportado a lo largo y ancho de Madrid en estos días y, al mismo tiempo, ha realizado la labor de guía turístico. Y la verdad es que siempre aprendemos algo nuevo con él (ya sea de la historia de Madrid, de España o de alguna de las tantas cosas interesantes que ha hecho en su vida).

Mientras vamos cruzando las calles que nos llevan al comedor observo la lluvia que moja a toda la ciudad y que se estrella contra las ventanas y el parabrisas de la van. De alguna manera (ante mis ojos) la ciudad se embellece todavía más bajo esta fría lluvia de invierno y me hace pensar en mil y una cosas. Sin embargo,  todo en lo que estoy pensando se acaba cuándo llegamos a la calle dónde se encuentra localizado el comedor. Nos estacionamos y atravesamos la lluvia que en estos momentos es más fuerte.

Poco después entramos al corredor que nos lleva a la cocina y Kelly y Tony entran a la cocina para ayudar con todo lo que se hace dentro de ella y yo voy al comedor, para servirle a la gente. En unos minutos me explican, a grandes rasgos, qué es lo que debo hacer y cómo debe hacerse. En un principio considero que todo se hace demasiado rápido: servir las mesas, limpiarlas, atender a la gente... todo parece demasiado apresurado. Pero después de un rato entiendo el por qué de las cosas.

El comedor lleva abierto casi 30 años y en todo ese tiempo se ha encargado de alimentar a gente sin hogar. Pienso que quizás es una labor que sólo se realiza en la temporada de frío pero no es así. Me dicen que el lugar se encarga de servir comida los 365 días del año. Día con día asisten muchas personas que tienen la necesidad de hacerlo. Sí: quizás la gente deba apresurarse para comer  y quizás todo parezca cronometrado. Pero si no fuera de esa manera no podría alimentarse a tanta gente cómo lo hicimos en el rato en el que estuvimos allí.

En el comedor se sirvió fabada cómo primer plato (acompañada por pan); después pollo y pimientos morrones; de beber jugo o sidra; y, al final, un postre que consistía en turrón y café o leche (o café con leche) . 

Al finalizar, cuándo era momento de cerrar el comedor, me quedé con sentimientos encontrados. Por una parte me encontraba triste, al haber visto a gente tan necesitada y que se encuentra sin hogar en una mañana tan fría y lluviosa cómo aquella; pero también pude presenciar la otra cara de la moneda: la de que existen seres humanos dispuestos a ser solidarios con otros seres humanos que se encuentran en circunstancias adversas y de que están dispuestos a tender su mano... Eso me llenó de esperanza y de alegría.


12/29/2009
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Son mis últimos días en México. Es curioso lo rápido que ha pasado todo esto. Parece cómo si fuera apenas ayer cuándo me enteré del proyecto. Cómo si apenas ayer hubiera estado preparando mi maleta para la semana de entrevistas.  Han sido muchas experiencias, muchas emociones y mucho aprendizaje en muy poco tiempo y, sin embargo, esto apenas comienza.

Ahora estoy en mi casa. Escucho algunos de los sonidos que me son familiares: escucho a mi madre que está en la cocina preparando papas fritas porque vamos a comer antes de salir a comprar algunas cosas que necesito para el viaje; escucho las patitas de mi perro mientras entra y sale de todas las recámaras; el sonido de la lavadora; las campanas de viento que cuelgan de algunos de los marcos de las puertas y que ahora se mueven al compás del viento decembrino.

Durante un año estaré lejos de todo esto que conozco pero, al mismo tiempo, sé que lo tendré muy cerca. Sé que sin importar la distancia o el tiempo transcurridos esas cosas ahí seguirán. Será cuestión de que me acuerde de ellas para poder, de nueva cuenta, experimentar la calidez que me hacen sentir siempre. Seguirán, a pesar de la distancia física y geográfica, en mi mente y en mi corazón.

Una experiencia de vida increíble se ha presentado para Kelly, Tony y yo: estamos a punto de presenciar con nuestros propios ojos un vasto mundo. Tendremos la fortuna de viajar por los más diversos lugares (pensar en 206 países es increíble) pero, sobre todo, seremos lo suficientemente afortunados de conocer muy diversas culturas y a muchísimos seres humanos. El simple hecho de pensar que dentro de poco estaremos en Madrid y un par de semanas después estaremos en Vancouver, para meses después estar en Vanuatu (nunca pensé que iba a ir a Vanuatu; para mí sólo era la referencia de un programa de televisión) y así darle la vuelta al mundo -206 países en 365 días- es increíble. Es difícil imaginarse toda esa travesía.

Pero lo bueno de todo esto es que podremos compartir la experiencia con todos ustedes. Todo esto se trata de compartir. De nosotros compartir nuestros descubrimientos del día a día, de todas aquellas cosas que ustedes nos enseñarán mientras nos encontremos en sus países, de todas aquellas cosas que ustedes compartan con nosotros a través de las redes sociales, de todas aquellas sonrisas que compartiremos a lo largo de este año.

Estoy a punto de terminar este post. Mi perro está a mi lado viéndome fijamente. Sé que extrañaré muchísimo todo lo que dejaré durante este año. Pero sé que este viaje va a cambiarme profundamente y después podré reencontrarme con todo de lo que ahora me despido en una nueva etapa de mi vida. Y no podría sentirme más agradecido con esta oportunidad que la vida nos ha dado.

Esta aventura apenas comienza. Síganos durante este año 2010. Compartiremos un mundo ilimitado de posibilidades.


About

Starting January 2010, three happiness ambassadors will begin an unprecedented journey to all 206 countries where Coca-Cola is sold. That's 14 more countries than are represented in the United Nations! Their mission is to seek out "what makes people happy" around the world.

These "happiness ambassadors" will search for and share the optimism and happiness of Coca-Cola from Afghanistan to Zimbabwe and everywhere in between. Their route will include some pretty amazing venues including- the Winter Olympics in Vancouver, the World Cup in South Africa and the World Expo in Shanghai.

Throughout the year-long journey, these Happiness Ambassadors will be sharing their blog posts, tweets, videos, interviews and pictures so you can follow their adventures in every country along the way.

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