Llegamos a Moçambique provenientes de Swaziland. Hicimos un viaje por carretera y una vez llegamos a la frontera nos encontramos con un grupo de personas que nos estaban esperando. Eran nuestros anfitriones que estaban deseosos de conocernos y que nos recibieron con mantas decoradas a la usanza tradicional del país. Platicamos un rato y celebraron el hecho de que puedo decir un par de cosas en portugués. Al día siguiente junto con nuestro anfitrión nos fuimos a conocer diversas partes de la capital, Maputo. Una de las cosas que más me fascinó de Moçambique fue la escena artística y la felicidad que ésta representa para sus habitantes. De alguna manera por dondequiera que se vea hay una u otra manifestación artística: música, artesanías, literatura, pintura, escultura y así hasta el infinito. Cuándo pregunté de dónde surgía tanta creatividad me contestaron: “Estamos orgullosos de nuestra cultura, de dónde venimos, hacia dónde vamos… y después de circunstancias adversas por las que hemos atravesado, cómo la pobreza o la guerra, hemos buscado medios de convertir esas cosas negativas en cosas positivas”. Ejemplo de ello son las esculturas de uno de los artistas plásticos de Moçambique que se ha encargado de recuperar armas de la guerra para convertirlas en hermosas esculturas. Definitivamente parte de ser felices es tener la capacidad de transformar incluso aquellas cosas negativas en cosas positivas.


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