“Uruguay: te ‘conozco’ desde que era pequeño”. Eso iba pensando cuándo el avión, proveniente de Buenos Aires, estaba a punto de tocar la pista de aterrizaje. Pensaba eso porque unos grandes amigos de la familia son uruguayos y siempre había pensado que su forma de ser tan agradable, solidaria y cálida tenía qué ver con el hecho de que provenían de aquel país de Sudamérica. Y, de alguna manera, así fue: logré conocer un país precioso y vibrante que lo es no sólo por sus calles, su playa, sus árboles y demás si no que comprobé de frente que Uruguay es un lugar que tiene gente alegre y amigable, dispuesta a compartir su experiencia de la vida y compartirse. Cualquier pretexto para compartir es bueno: ya sea comiendo un asado, pasando la matera –que cargan en uno de sus brazos-, jugando al futbol o bien caminando por La Rambla o compartiendo en la playa. Esas cosas y muchas otras más unen a los uruguayos en sus momentos de felicidad. Gracias por la infinidad de abrazos que nos dieron.
Con nuestros anfitriones de Uruguay, Manu y Diego, antes de empezar a dar vueltas en una feria que hace felices a chicos y grandes :D



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