Aterrizamos en el aeropuerto más alto de todo el mundo “El Alto”. Nos encontrábamos en una de las ciudades, La Paz, más altas del mundo. Al salir del aeropuerto nos recibieron nuestros anfitriones y algo de lo que nos dimos cuenta es de lo amables y parsimoniosos que son los bolivianos. Quizás sean rasgos propios de personas que viven en un lugar tan alto… pero de alguna manera cuándo uno está con esta gente se siente tranquilo. En poco tiempo aprenderíamos que así cómo ocurre con su geografía, Bolivia es un país de muchos contrastes y en dónde todavía la población indígena mantiene sus usos y costumbres. En este misterioso y apasionante país conocimos historias de felicidad por parte de seres humanos que nos hicieron remontarnos a un pasado más sencillo, más en sintonía con la naturaleza. Sus historias de felicidad nos dieron la esperanza de que podemos hacer las cosas bien y que todo puede ser mucho más sencillo de lo que estamos dispuestos a creer. El recordatorio fue que a veces con muy poco se logra mucho.


The comments to this entry are closed.